LA ENCERRONA SE ABRIÓ
Por: Bardo de la taurina
La
encerrona que se pegó Eulalio López ‘Zotoluco’ para sellar en treceava ocasión
en la Plaza México, un acto inusual a lo largo de ya casi setenta años, que es
el que un solo matador despache a como se pueda seis bureles, merece antes de
darle la vuelta a ese capítulo dejar subrayadas algunas reflexiones u
observaciones, comenzando el ¿por qué se dio?, pues porque los toreros tienen derecho a presumir en
sus palmarés una encerrona en la plaza más grande del mundo cuando como
en este caso se tienen los méritos suficientes para hacerlo, ¿Qué si fue en el
momento oportuno? contra la mayoría pienso que la hubiera guardado un par de
añotes para concluir su historial con un
cerrojazo monumental a una carrera igual de grande ¿o quien ha jalado en los
últimos largos años el tren de primera figura?, esto ya no va a ser posible,
debido a la forma en que se dieron las cosas, que sin haber sido sofocantes, si
fueron aleccionadoras sobre todo para el protagonista, comenzando por el hecho
de que aunque esta físicamente solvente para los años que se carga, está lejos
de aquello de ‘el toro de cinco pa’ el torero de veinticinco’ y si en cambio
hay que leer esto con lo que trae aparejado la edad y que son las fuerzas
atléticas, los reflejos físicos y
mentales y lo que se conoce como
‘poderle’ a los toros, sobre todo cuanto estos se dan en condiciones
‘especiales’ donde la fecha pesa, no es mi estilo el de dármelas de sabio, que
estructura faenas sin el toro enfrente, pero si diré, con los sentidos matizados en todo lo largo de la connotación
que Eulalio López, en lugar de las dos orejas que se llevó, pudiera haber dejado
solo dos en su sitio, eso en lo relativo a la toreada o a lo no toreado, sin
que quiera decir que no estuvo decoroso,
otro punto a resaltar fue el hecho de la apuesta zotoluquista en cuanto a lo medular de
la encerrona la cual la jugo el veterano diestro apostando o más bien
apalancado en puntos riesgosos; el
primero creyó más en los ganaderos y sus productos 'Hecho en México' que
como en el box brilla en los pesos medios pa´bajo y se
decantó por lo que traían dentro, que hay que decirlo si traían pero a
Eulalio López como con el tuétano le falto meterse hasta el fondo que aunque da
más trabajo es donde está lo sabroso y como las musas del arte digamos esa
tarde 'se pusieron sus moños' que no fue dorado si no escéptico pues la
expectación se diluyó y es que la suerte y el arte por ser vedettes son caprichosas
y escurridizas, cuando Don Zotoluco cual señor de tablas que lo es, debió de haber ido cincho
sin salirse de lo que muy bien sabe y que es lo suyo, el poderío llevado al
extremo supremo de la verdad, esa cuyo común denominador lo da la combinación
de Trapío (musculatura, cabezas cabezudas, cornamentas frondosas sin mácula de
dudas) Edad ( adulta y comprobada con anillos en las sepas y testículos
colgantes no enjutados) y si se puede o hay suerte Bravura (de esa que se traga
la sarga y la seda) y entonces si, a enfrascarse en un duelo de cojones a
cojones, de poder a poder, ese que cuando va el cogote sabe amargó, a centavo,
a 'piedra' de cruda pero que cuando se pasa da un confort que sabe a gloria, pero
no ocurrió así y por eso entre obviedades, dudas, desencantos, no puedo
escribir 'El Maestro Zotoluco le devolvió a la Plaza México el Trapío, y la Cátedra
de Lidiar'.¡Esa era la apuesta! que llevaba la respetabilidad implícita de
mostrar a todo el mundo que en México si hay toros dignos y un torero capaz de
pasárselos por la faja y con eso y un armado publicitario que mostrara desde
antes los ‘pavos’ me cae que la entrada hubiera superado a la inaugural.
Y lo que no debo dejar de soslayar es el
incongruente y aberrante acto que en un afán de no sé qué chingaos y si fue la empresa o los ganaderos de Marrón,
Javier Garfias y Montecristo se subieron al carro del protagonismo del de las
‘antenas coloradas’ que aparte de haber sido un chaquetero uso su fuerza
populista para a través de los medios atacar abiertamente a la Fiesta Brava,
‘No me ayudes compadre…’

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