martes, 9 de junio de 2015

Emilio Togores torero de la legua

EMILIO TOGORES TORERO DE LA LEGUA EN LOS CAMINOS DEL TORO

Por: Ángel Ramírez Ortuño.



Poco antes de su sensible muerte, se llevó a cabo una entrevista que conectó Huetamo con Riverside, en California. El veterano y popular torero poblano Emilio Togores, vieja gloria de la tauromaquia de la Tierra Caliente, antes de sus tiempos de gloria conquistó al público desde Zirándaro y Pungarabato hasta Huetamo.
El alguna vez gallardo torero, ahora sonaba sensible y emocionado, por el teléfono agradecía que alguien se acordara de él a más de medio siglo de haberse retirado, y mucho más al percatarse que se trataba de una llamada de Huetamo.
– ¿Qué recuerda de sus pasos por Tierra Caliente don Emilio?
“Ay, señor mío, muchas cosas, tantas que me traiciona la memoria, pero en especial le puedo hablar de dos cornadas, una en San Lucas, donde un toro me partió el párpado, y que al correr del tiempo me dejó ciego; y otra en Huetamo, donde el cuerno de un toro me voló la piel del miembro y parte de los testículos, pero siempre me salvaron la vida los doctores de Tierra Caliente. Recuerdo que poco después de esa época me pegó un infarto que me llevó a vivir a La Paz, y de ahí terminé en Riverside”.
-¡Caramba!, que cosas tan terribles vivió usted, señor Emilio.
El viejo bonachón sólo lanzó una larga y sonora carcajada, agradeciendo el estar aún con vida.
-Qué bárbaro Matador, ¿y se puede saber dónde nació usted?
“Sí, yo nací en Cuetzalán del Progreso, Puebla, un día 28 de diciembre de 1927, pero muy pequeño me llevaron a vivir a la Ciudad de México, por el rumbo de San Ángel, muy cerca de un rastro, donde traían a sacrificar toros bravos de San Luis y Veracruz, que a veces se escapaban, y desde los once años me le paré al primero, luego todo vino solo, me dediqué a los toros desde entonces. “Tenía de vecino a otro chico inquieto, Pablo Cruz, apodado El Curro, con él hicimos buena mancuerna, y un tío de Cruz la hacía de Cantinflas, juntos recorrimos la legua, pero cuando se podía yo me vestía de luces y le salía a los toros bravos de ferias de los pueblos. “Mi entrada a Tierra Caliente se dio a través de Pablo Cruz, ya que estaba casado con una mujer de allá, lo que permitió que por aquellos rumbos del Balsas oyeran de mí, hasta que me contrataron para torear una feria de Zirándaro, y como pude llegué hasta Altamirano, y de ahí me subieron a un burro por todo un día. “Terminó aquella feria, pero el 26 de septiembre ya estaba yo en Huetamo por cosas del destino, y mientras tomaba cerveza en los tendidos de su plaza de toros, de pronto salió un toro valiente que hizo que todo mundo corriera, y yo solté la carcajada, pero me escucharon dos curitas y empresarios, quienes me dijeron que si era tan gallito que me bajara, y así lo hice y por fortuna realicé una gran faena al toro aquel y que me contratan por toda la fiesta”.
Recuerda con nostalgia que cuando tenía trece años, y por no tener dinero para comprarse ropa taurina, decidió irse a Estados Unidos y regresó a los quince. “Para mi sorpresa que me llega un telegrama para ir a torear a Guatemala, El Salvador, Honduras y Managua, allá toreé con El Soberano, luego me contrataron en Veracruz, y recorrí la legua con Curro Ortega y Manolo Velásquez, con El Soldado, y Nacho Espino, hermano de Clavillazo. “Subió mi cartel, inauguré una plaza en Acapulco, y toreé tres corridas seguidas allá en el Fuerte de San Diego, y de nuevo me pegaron otra cornada, y aun así salí al ruedo al siguiente domingo, luego me fui a Tijuana y allá me enfrenté al último toro acompañado de Carlos Arruza, para al final vivir desde entonces en California, pero tanto fue mi gusanito, que un día se me ocurrió torear un búfalo, y enseguida un empresario armó un espectáculo, y viera usted cómo me divertía”.
Don Emilio Togores se despidió, en sólo un momento había dado una síntesis de su vida, y agradecía que se le hubiera sacado del silencio en que estaba refugiado desde su retiro, y solicitó enviar un cordial saludo a los cientos, miles de amigos que dejó en el país.