martes, 9 de junio de 2015

Ocho con Ocho: Rafaelillo

OCHO CON OCHO: RAFAELILLO


Por: Luis Ramón Carazo



Con gusto recibimos la noticia de que el toro de la Feria de San Isidro y la mejor faena fueran para Jabatillo de Alcurrucén y para su lidiadorSebastián Castella, al ser testigos directos presenciales del suceso. También que a Joselito Adame le correspondió la mejor estocada, todo de acuerdo al jurado que reúne a periodistas y conocedores para que voten. Con todo y lo que critican a Juan Pedro Domecq para su ganadería fue el encierro más destacado, lidiado por Finito de Córdoba, Alejandro Talavante y Daniel Luque.
En el renglón de las emociones humanas, lo que aconteció en el último festejo de la feria en el cuarto toro de Miura, con la actuación sobresaliente de un torero del circuito de las corridas llamadas duras, nos erizó la piel, Rafael Rubio, Rafaelillo, quién nació en Murcia el 16 de julio de 1979, desde temprana edad ingresó en la escuela taurina de su ciudad y a los once años se marchó hacia Jaén para iniciar su carrera como torero bajo el adiestramiento del apoderado de Enrique Ponce, Juan Ruiz Palomares.
Es matador de toros desde el 14 de septiembre de 1996, cuando en Murcia su padrino fue Enrique Ponce y su testigo Francisco Rivera Ordoñez, a partir de esa fecha pocas o ninguna vez ha tenido la oportunidad de alternar con ellos, su confirmación en Madrid dilató hasta el 2003 con toros de Jaral de la Mira.
En promedio no rebasa los 20 festejos por año en los que los toros que lidia con sus compañeros son de Miura, Dolores Aguirre, Victorino Martín, Adolfo Martín, Partido de Resina, Baltasar Iban, José Escolar, Salvador Guardiola entre otras ganaderías que se caracterizan por ser descomunales de trapío y de comportamiento tendiente a la fiereza y en muchas ocasiones al genio. Por cierto en España en ese renglón de ganaderías se ubicó con gran categoría El Zotoluco.
Una anécdota de su carrera novilleril es que debutó en festejos con picadores el 26 de febrero de 1995 en Nimes, Francia dónde transcurre mucha parte de su carrera ahora apoderado por Simón Casas, teniendo de colegas de cartel a José Tomás y a Luisito.
Torero poderoso y de valor sereno, que se ha curtido en la batalla de las llamadas corridas duras, en las que deja constancia de su vocación y su concepto del toreo. La corrida de Miura que se lidió el 7 de junio de 2015 para cerrar los festejos de la Feria de San Isidro se programó con la actuación de Rafaelillo, Javier Castaño y Serafín Marín, en su primero Rafaelillo vio cómo se derrumbó el de Miura que debió ser devuelto a los corrales por su manifiesta falta de fuerza desde su salida, el público coreó pidiendo la expulsión del palco del presidente de la corrida.
Ante ese panorama, con el cuarto de la tarde de nombre Injuriado,Rafaelillo salió como dicen en España a por todas, recibió de rodillas con una larga con el capote y posteriormente con la muleta inició hincado para dar unos primeros muletazos con la mano derecha, que arrancaron los olés del público que después fueron testigos de series de naturales en los que el toro embistió con una gran claridad y codicia, para que consiguiera muletazos de gran empaque y belleza que a los aficionados en la plaza y a los que la miramos por televisión nos dejaron boquiabiertos, no parecía un Miura por su embestida sino el toro de Alcurrucén que le tocó a Castella. Al menor descuido, por cierto, no se libró de una impresionante cogida que afortunadamente sólo interesó la ropa que quedó desgarrada.
Le salió la inspiración al murciano y labró una faena inolvidable, hubo un cambio de muleta de mano y unos naturales combinados con el de pecho para cuadro. Nos hizo reflexionar su faena, en lo duro que es ser matador de toros pues después de haber conseguido lo improbable, esto es que en lugar de valiente que es su sello, el toro le permitiera inspirarse y sentir la gloria de los olés desgarrados del tendido de Madrid, falló en la suerte suprema y él se fue con las lágrimas en los ojos a reclamarse el fallo, golpeando con su frente el burladero.
El público de Madrid reaccionó ante el sentimiento del torero y le hizo dar una vuelta en la que las lágrimas de Rafaelillo reflejaron la sensación que le acompañó en la faena, la frustración de no haber concluido su gran obra y también la gloria seguramente de sentirse reconocido por valiente y por artista con un toreo a cámara lenta impensable con un toro de Miura.
Así las cosas, el toreo en su puesta en escena en ocasiones momentos para el recuerdo, uno de ellos de la Feria de San Isidro 2015, será la actuación de Rafaelillo con un Miura que ojala le valga para que con otro tipo de ganaderías, alguien que le dé la oportunidad de sentir además de saber en su tauromaquia a Rafaelillo.