jueves, 24 de julio de 2014

La clarividencia del ignorante.

Terrible momento de la cogida a Fortes en el tercero en Santander, afortunadamente de pronóstico leve. DAVID S. BUSTAMANTE
Por Borja Clavia.
Les voy a contar una anécdota. No es divertida, pero deja bien a las claras que en demasiadas ocasiones un árbol no deja ver el bosque. Reunidos un grupo de amigos tras la corrida de ayer, el tema central de conversación era Jiménez Fortes y su tendencia a verse sobre el lomo de los toros. Sesudas reflexiones apuntaban a errores del propio diestro, mientras que mayoría se decantaba por la testiculina del malagueño como argumento principal. Uno de los participantes, el único que no había estado en la plaza y que no tiene interés alguno por el desarrollo de un festejo, escuchaba relajado hasta que se decidió a intervenir: “Le coge porque es torero, y a los toreros les cogen los toros”. Fin de la cita. Y de la conversación, claro.
Tan enfrascados como estábamos en defender nuestros argumentos no logramos ver que la realidad estaba ante nuestros ojos. El torero es gloria, pero también hule. Cortijos y camas de hospital han convivido durante dos siglos y que vivamos en una época de relativa tranquilidad sanitaria no impide que la tragedia sobrevuele cada tarde. Jiménez Fortes quiere ser figura del toreo, y sabe que para ello tiene que pisar terrenos y aguantar tarascadas y parones de sus oponentes que conllevan un riesgo inherente a la naturaleza de su oponente. Y lo hace, con el valor frío y sereno del hombre que está dispuesto a morir por un sueño.