Victorino Martín; una ganadería que sigue por la senda de la pureza
La innata sabiduría del padre y el serio trabajo del hijo, son la clave del éxito de esta legendaria ganadería.
EL MUNDO DE BALEARES
Por: Tolo Payeras
Corresponsal en Palma de Mallorca
Corresponsal en Palma de Mallorca
Pureza,
palabra mágica que en la ganadería de Victorino Martín es una feliz
realidad, así se han mantenido los toros de lidia de esta legendaria
ganadería, con añadidos de otras sangres sin ninguna clase de
experimento alguno y sólo trabajando desde dentro, preocupados por una
selección exigente y de una crianza depurada que ha dado con un toro
atleta y musculado, sometido a un estricto régimen alimenticio y de
ejercicio físico natural, que ha estilizado su línea y mejorado su juego
en la plaza.
Esta
ha sido sin duda alguna la aportación de Victorino Martín a la
ganadería que empezó a comprar en 1960, y que luego amplió en 1963 y
finalmente completó en 1965, consiguiendo tener en la actualidad un gran
toro, bueno para el público, que da mucho a los toreros que consiguen
triunfar con él, serio de presentación y espectacular con el juego que
desarrolla en la plaza para el prestigio del ganadero.
La vacada de Victorino Martín pasta en Las Tiesas de Santa María, en el término de Portezuelo
(Cáceres), es una finca de orografía accidentada, de suelo de pizarra y
con unos grandes desniveles, convertida en la actualidad en un modelo
de explotación agraria y ganadera, pues los victorinos actualmente gozan
de la mayor fama mundial.
Al
atardecer, con el sol ya cayendo tras las montañas que a lo lejos
marcan la raya divisoria con Portugal, es precisamente cuando los toros
suben cansinamente a los comederos a recibir su última ración del día. A
esta hora se mezclan las voces de los vaqueros armados de garrochas con
el mugido seco de los toros y el verde de mil matices del campo con el
pelo casi exclusivamente cárdeno de los toros descendientes de los
legendarios saltillos que el Marqués de Albaserrada fundara en 1912 con
hembras y sementales del conde de Santa Coloma. En 1920 falleció el
marqués y su viuda vendió la ganadería a don José Bueno y fallecido
este, la ganadería se dividió en dos partes, una para su viuda doña
Juliana Calvo y otra fue a parar a don Bernardo Escudero. Pero en 1941
se vuelve a unir al heredar las dos partes los sobrinos, que la
anunciaron como “Escudero Calvo Hermanos” para seguidamente pasar a
manos de Victorino Martín.
En
la actualidad, ciento dos años después de la creación de la ganadería
la sangre Saltillo se mantiene pura e inalterada, y ése es sin duda, una
de las bases del éxito de Victorino Martín, padre e hijo, dos ganaderos
que además del mismo nombre comparten criterios y objetivos. Los dos
“Victorino” trabajan como una sola persona y con sus funciones bien
delimitadas aunque sin tomar jamás una decisión sin que haya sido
previamente concensuada. La llegada del hijo de Victorino a la ganadería
aportó un aire fresco a la vacada; Victorino hijo es un joven de una
extraordinaria preparación: licenciado en veterinaria, es también un
experto en alimentación animal y además posee una indudable afición a
los toros, no olvidemos que en su época de estudiante, allá por los
principios de los años ochenta, fue un destacado novillero al que vimos
actuar varias tardes en el Coliseo Balear.
La
mezcla de la innata sabiduría del padre, con el serio trabajo del hijo,
ha dado unos resultados espectaculares con una extraordinaria pureza en
la sangre de las reses de su divisa. Cuando estas reses llegaron a las
manos de Victorino, tenían un brillante pasado, un problemático presente
y un enigmático futuro; el toro, aún siendo el mismo que ahora es, era
más basto, menos estilizado y su comportamiento era mucho más irregular
que en la actualidad y todo esto, sin perder las señas de identidad de
los toros asaltillados, ni el pelo cárdeno, ni tampoco las encornaduras
generalmente veletas y cornipasas, pero el toro actual tiene una
conformación más suave, muy agradable a la vista y un juego personal y
único que no se parece a ningún otro, consiguiendo ser la ganadería
número uno de entre todas las divisas españolas, portuguesas, francesas
o americanas. De hecho, hasta la misma afición de la Maestranza de
Sevilla, tan partidaria de ganaderías legendarias andaluzas como Miura,
Guardiolas... se ha tenido que rendir bajo los argumentos presentados
por el ganadero de Galapagar. Pero no se trata de un milagro. Aquí solo
hay trabajo y muchas horas de dedicación y desde luego, mucho acierto en
la selección, en la búsqueda correcta del fondo puro de la ganadería,
que sin duda estaba en los toros y las vacas, aunque quedase oculto por
culpa del poco acierto, unos años anteriores a Victorino, y este fue el
gran trabajo del ganadero, rescatar la base de calidad, acertar en la
selección, y por supuesto, también saber vender su producto.
Entre sus muchísimas reses legendarias podríamos destacar a Jaquetón lidiado en Madrid en 1975 con vuelta al ruedo al toro y que se llevó todos los premios ganaderos de la feria de San Isidro; Mediaonza lidiado en Bilbao el mismo año que el anterior, con vuelta al ruedo y premio al mejor toro de la feria; Bodeguero, premio al mejor toro de la feria de San Isidro de 1976 y vuelta al ruedo; Conducido vuelta y premio al mejor toro de San Isidro de 1978; y llegamos a la inolvidable corrida del San Isidro del 82 con Pobretón, Playero, Emboscado, Director, Hermosito y Carcelero,
lidiados por Francisco Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis
Palomar, que les cortaron las dos orejas a cada uno y salieron los tres
diestros y ganadero a hombros por la Puerta Grande; Belador,
indultado en Las Ventas en la corrida concurso de la Asociación de la
Prensa de 1982 y en 1989 cuatro toros de Victorino dieron la vuelta al
ruedo.
En
esta última década los toros de Victorino han sufrido un bajón, el toro
noble no ha salido tan noble ni el toro bronco tampoco ha sido tan
alimaña como en los tiempos de Ruiz Miguel, pero en esta temporada de
2014 se ha visto una clara recuperación del toro de Victorino que por
otro lado, nunca ha perdido el interés de la afición, el secreto de
estos ganaderos siempre ha sido el mismo, no perder los papeles y saber
seguir la senda de la pureza.

