lunes, 15 de septiembre de 2014

Victorino Martín; una ganadería que sigue por la senda de la pureza



La innata sabiduría del padre y el serio trabajo del hijo, son la clave del éxito de esta legendaria ganadería.

EL MUNDO DE BALEARES


Por: Tolo Payeras
Corresponsal en Palma de Mallorca

Pureza, palabra mágica que en la ganadería de Victorino Martín es una feliz realidad, así se han mantenido los toros de lidia de esta legendaria ganadería, con añadidos de otras sangres sin ninguna clase de experimento alguno y sólo trabajando desde dentro, preocupados por una selección exigente y de una crianza depurada que ha dado con un toro atleta y musculado, sometido a un estricto régimen alimenticio y de ejercicio físico natural, que ha estilizado su línea y mejorado su juego en la plaza.

Esta ha sido sin duda alguna la aportación de Victorino Martín a la ganadería que empezó a comprar en 1960, y que luego amplió en 1963 y finalmente completó en 1965, consiguiendo tener en la actualidad un gran toro, bueno para el público, que da mucho a los toreros que consiguen triunfar con él, serio de presentación  y espectacular con el juego que desarrolla en la plaza para el prestigio del ganadero.

La vacada de Victorino Martín pasta en Las Tiesas de Santa María, en el término de Portezuelo (Cáceres), es una finca de orografía accidentada, de suelo de pizarra y con unos grandes desniveles, convertida en la actualidad en un modelo de explotación agraria y ganadera, pues los victorinos actualmente gozan de la mayor fama mundial.

Al atardecer, con el sol ya cayendo tras las montañas que a lo lejos marcan la raya divisoria con Portugal, es precisamente cuando los toros suben cansinamente a los comederos a recibir su última ración del día. A esta hora se mezclan las voces de los vaqueros armados de garrochas con el mugido seco de los toros y el verde de mil matices del campo con el pelo casi exclusivamente cárdeno de los toros descendientes de los legendarios saltillos que el Marqués de Albaserrada fundara en 1912 con hembras y sementales del conde de Santa Coloma. En 1920 falleció el marqués y su viuda vendió la ganadería a don José Bueno y fallecido este, la ganadería se dividió en dos partes, una para su viuda doña Juliana Calvo y otra fue a parar a don Bernardo Escudero. Pero en 1941 se vuelve a unir al heredar las dos partes los sobrinos, que la anunciaron como “Escudero Calvo Hermanos” para seguidamente pasar a manos de Victorino Martín.

En la actualidad, ciento dos años después de la creación de la ganadería la sangre Saltillo se mantiene pura e inalterada, y ése es sin duda, una de las bases del éxito de Victorino Martín, padre e hijo, dos ganaderos que además del mismo nombre comparten criterios y objetivos. Los dos “Victorino” trabajan como una sola persona y con sus funciones bien delimitadas aunque sin tomar jamás una decisión sin que haya sido previamente concensuada. La llegada del hijo de Victorino a la ganadería aportó un aire fresco a la vacada; Victorino hijo es un joven de una extraordinaria preparación: licenciado en veterinaria, es también un experto en alimentación animal y además posee una indudable afición a los toros, no olvidemos que en su época de estudiante, allá por los principios de los años ochenta, fue un destacado novillero al que vimos actuar varias tardes en el Coliseo Balear.

La mezcla de la innata sabiduría del padre, con el serio trabajo del hijo, ha dado unos resultados espectaculares con una extraordinaria pureza en la sangre de las reses de su divisa. Cuando estas reses llegaron a las manos de Victorino, tenían un brillante pasado, un problemático presente y un enigmático futuro; el toro, aún siendo el mismo que ahora es, era más basto, menos estilizado y su comportamiento era mucho más irregular que en la actualidad y todo esto, sin perder las señas de identidad de los toros asaltillados, ni el pelo cárdeno, ni tampoco las encornaduras generalmente veletas y cornipasas, pero el toro actual tiene una conformación más suave, muy agradable a la vista y un juego personal y único que no se parece a ningún otro, consiguiendo ser la ganadería número uno de entre  todas las divisas españolas, portuguesas, francesas o americanas. De hecho, hasta la misma afición de la Maestranza de Sevilla, tan partidaria de ganaderías legendarias andaluzas como Miura, Guardiolas... se ha tenido que rendir bajo los argumentos presentados por el ganadero de Galapagar. Pero no se trata de un milagro. Aquí solo hay trabajo y muchas horas de dedicación y desde luego, mucho acierto en la selección, en la búsqueda correcta del fondo puro de la ganadería, que sin duda estaba en los toros y las vacas, aunque quedase oculto por culpa del poco acierto, unos años anteriores a Victorino, y este fue el gran trabajo del ganadero, rescatar la base de calidad, acertar en la selección, y por supuesto, también saber vender su producto.

Entre sus muchísimas reses legendarias podríamos destacar a Jaquetón lidiado en Madrid en 1975 con vuelta al ruedo al toro y que se llevó todos los premios ganaderos de la feria de San Isidro; Mediaonza lidiado en Bilbao el mismo año que el anterior, con vuelta al ruedo y premio al mejor toro de la feria; Bodeguero, premio al mejor toro de la feria de San Isidro de 1976 y vuelta al ruedo; Conducido vuelta y premio al mejor toro de San Isidro de 1978; y llegamos a la inolvidable corrida del San Isidro del 82 con Pobretón, Playero, Emboscado, Director, Hermosito y Carcelero, lidiados por Francisco Ruiz Miguel, Luis Francisco Esplá y José Luis Palomar, que les cortaron las dos orejas a cada uno y salieron los tres diestros y ganadero a hombros por la Puerta Grande; Belador, indultado en Las Ventas en la corrida concurso de la Asociación de la Prensa de 1982 y en 1989 cuatro toros de Victorino dieron la vuelta al ruedo.

En esta última década los toros de Victorino han sufrido un bajón, el toro noble no ha salido tan noble ni el toro bronco tampoco ha sido tan alimaña como en los tiempos de Ruiz Miguel, pero en esta temporada de 2014 se ha visto una clara recuperación del toro de Victorino que por otro lado, nunca ha perdido el interés de la afición, el secreto de estos ganaderos siempre ha sido el mismo, no perder los papeles y saber seguir la senda de la pureza.