lunes, 3 de noviembre de 2014

Es lo que digo yo – 2a de La Temporada: Cuando no hay bravura, no es posible la apoteosis.

Cuando no hay bravura, y no la ha habido en México, no es posible la apoteosis. Con este material no triunfa el toreo, sino el borrego impuesto por las figuras, porque es el borrego, y no el toro de verdad, el que gobierna en nuestra fiesta New Age.
Por Luis Cuesta 

La segunda corrida de la temporada fue un festejo gris, sin brillo y finalmente sin mucha importancia. Nada de lo acontecido ayer en la Plaza México pasara a la historia porque para eso se necesitan muchos ingredientes que ayer escasearon durante toda la tarde.
Si hace una semana gran parte de la atención estaba puesta en la presentación del encierro de Barralva, esta vez  a nadie le importo que se lidiara un encierro terciado, compuesto en su mayoría por toros anovillados, escasos de cornamenta y sin el fondo de bravura necesario para mantener el interés del público y sobretodo la seriedad del festejo.
De entre todos los astados lidiados solo destacaría el corrido en quinto lugar, un noble toro de La Estancia de nombre “Miel de Penca” que tuvo codicia, fijeza y movilidad y que recibió el arrastre lento. El primero de la tarde también de La Estancia, tuvo un punto de nobleza pero acuso una debilidad excesiva.
El resto de las reses nunca debieron de haber abandonado su ganadería por su escaso trapío, este tipo de encierros son la máxima prueba de que este santuario de la tauromaquia mexicana baja cada domingo un peldaño más en su prestigio no solo nacionalmente, si no que ahora gracias a la magia de la TV también lo hace internacionalmente.
Sería faltar a la verdad si no queda constancia escrita de estos lamentables hechos ¿Como es posible que salte al ruedo de La México un toro con esta cornamenta?
Y esto era lo que iba a matar Manzanares…Resulta lamentable la falta de seriedad y de uniformidad de parte de las autoridades, de los toreros y de los ganaderos.
No es creíble que una semana se ofrezca un espectáculo serio y siete días después algo completamente desigual. Desde un punto de vista empresarial resulta incomprensible esta manera de proceder y por ende creo que el resultado de esta gestión se refleja en el tendido, justo como paso ayer ya que la plaza apenas registro un tercio de entrada.
El único cimiento de este espectáculo al menos, el básico es la bravura que es la que produce emoción. Pero esta fiesta está en manos de quienes está y ellos finalmente serán los auténticos culpables de su desaparición junto a los anti taurinos.
De entre todo lo gris y anodino del festejo destacó la faena al quinto toro por parte de Sebastián Castella, que sustituía a Manzanares. Fue una faena en donde por momentos vimos al Castella que alguna vez conquisto esta plaza, pero en otros también observamos una versión de su toreo más destemplado, algo brusco en sus toques y ejecutándolo a gran velocidad.
Pero cuando consiguió cogerle la distancia al toro de La Estancia, fue entonces cuando Castella logro ligarle tandas muy meritorias tanto por el pitón izquierdo como por el derecho. El toro tenía el defecto de escarbar y parecía que se rajaba en un punto de la faena pero esto nunca sucedió. Por el contrario,Castella lo toreo a placer pegándole cualquier cantidad de muletazos, sin llegar a niveles excelsos, pero que emocionaron a una afición que le quiere bien.
Solo así se explica que ante una faena intermitente y desigual el público lo alentara con gritos de ¡torero! ¡torero! tras irse por el acero para después señalar una estocada trasera y de efectos retardos por la que lo premiaron con las dos orejas con la venia del juez Jesús Morales. Un premio excesivo que no tapa del todo la triunfal, pero irregular actuación de Castella.
Su primero que fue de San Isidro era un astado anovillado y aborregado, de embestidas pastueñas con el que se pegó un arrimón carente de emoción por la excesiva mansedumbre del toro, pero que fue ovacionado por su legión de“followers” o taurinos New Age que tienen un intenso romance con Le Coq Castella.
Esperemos que la empresa capitalice el poder de atracción de Castella y lo repita a la brevedad posible en la segunda parte de la temporada, para que pueda confirmar este triunfo con un encierro mejor presentado.
Diego Silveti lo intentó con todas sus fuerzas de principio a fin; pero ni tuvo oponentes, ni su tarde fue la más entonada.  Con su primero intento sacar agua de una piedra ante un toro manso y deslucido de la ganadería de San Isidro con el que se retiró en silencio.
Con su segundo estuvo por momentos francamente bien, sobre todo cuando consiguió ligarle algunos muletazos al astado en base a dejarle la muleta en el hocico, pero cuando parecía que Diego descifraba las condiciones del astado, cambiaba las formas, retrasaba la muleta y la faena perdía intensidad.
Finalmente se retiró entre división de opiniones tras escuchar un aviso.
Algo tendrá que hacer Silveti urgentemente para poder revertir esta situación, porque creo que ha llegado el momento de replantearse el rumbo de su carrera en todos los sentidos.
Abrió la tarde Guillermo Capetillo quien supuestamente se despedía tras 37 años de alternativa, pero finalmente no hubo despedida, ni mucho para el recuerdo. Sin embargo ahí quedaron ante su primero un par de verónicas, una media y unos bellos doblones al inicio de su faena de muleta que albergaron cierta esperanza.
El resto de su actuación creo que es mejor olvidarla.
En resumen, esta corrida solo nos deja el negro presagio de que esta fiesta se está desangrando y los responsables solo ocupan su tiempo en echarle la culpa a los anti taurinos, sin atreverse a mirarse en un espejo.
Es lo que digo yo.